Hay escritores que llegan a ser anulados por sus propios personajes, hasta el punto de que todo el mundo
llega a saber quien es tal personaje y sus aventuras, pero ignora el nombre completo o desconoce quien es
el creador del personaje. Un ejemplo es Arthur Conan Doyle y su mítico detective Sherlock Holmes.
Sherlock Holmes adquirió tanta popularidad que se llegó a convertir en un ídolo literario, un personaje de
ficción que oscureció a su propio creador. Conan Doyle se convirtió para muchos lectores en una especie de
anotador de las historias que el Doctor Watson escribía sobre los casos que Sherlock Holmes resolvía. Un
Sherlock Holmes cada vez mas real, y para algunos lectores, personaje verídico. Harto de esta popularidad,
que anulaba sus otras obras literarias y hasta su propia personalidad, Arthur Conan Doyle decidió matar al
detective, pero pronto comprendería que no le iba a resultar tan fácil, pues tuvo que devolverle a la vida,
debido a las multitud de quejas y protestas que recibió y a las presiones de su editor.



 

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